Es esa suerte de angustia existencial o de calentura irrefrenable que nos hace escribir a quienes escribimos. La imperiosa necesidad que en algún momento de la vida nos empuja, nos mueve, nos sube a la tabla de surf, Escribir como quien huye. De la realidad, sí, a veces, también, por qué no. De los propios fantasmas, de las propias derrotas, de las propias ataduras. Escribir como quien viaja.
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